La Virgen María devociones Oraciones Imagenes Foro Links

 
  Ir al Home

Novena a la Virgen de Fatima

 
Virgen de Fatima

ORACIÓN PREPARATORIA
(para todos los días)

Oh Nuestra Señora de Fátima, en mi pobreza, en mi destierro, en mis sinsabores, te contemplo como arco iris de esperanza, de paz y de protección.
Sé mi consuelo en la lucha y en los peligros; mi luz en la oscuridad; mi escudo en las batallas contra las pasiones, el mundo y el demonio. Sálvame y salva a todos los pecadores. Así sea.

Día primero: El Ángel de la Paz se aparece a los tres pastorcitos, se postra de rodillas y pegando la frente al suelo les enseña a orar repitiendo tres veces: “Oh, Dios mío, yo creo, adoro, espero y os amo. Os pido perdón por los que no creen, no adoran, no esperan ni os aman”. Les asegura que si oran “con humildad, confianza y amor reparador, los Corazones de Jesús y María escucharán sus plegarias”. Desde hoy empiezo a imitar al Ángel y a los tres pastorcitos. Ayúdame, Madre mía. (Concluir todos los días con la Súplica Final).

Súplica Final
Oh dulcísima Reina del mundo. Madre de Dios y nuestra, que al aparecerte con rostro dolorido a los tres niños pastorcitos, nos has pedido la fiel observancia de los Mandatos divinos, el rezo cotidiano del rosario, la reparación y la consagración a su Inmaculado Corazón, a fin de conseguir la ansiada paz mundial; impulsado por el filial anhelo de contemplarte, acudo a prometerte la leal correspondencia a tus deseos, y a implorar que protejas al Papa, a los obispos y a los sacerdotes, a los religiosos y demás fieles cristianos. Orienta, bondadosa Reina de la Paz, a los gobernantes, convierte a los pecadores y paganos, consuela a los afligidos y perseguidos. Cura, oh Virgen de las fuentes milagrosas, a los enfermos, asiste a los agonizantes y alivia a las almas del Purgatorio. Te ruego, en fin, oh Blanca y Peregrina Señora del Rosario, por todas mis necesidades… (pida cada uno la gracia que desee alcanzar). Yo, confiado en tu omnipotencia suplicante, me abandono en tus amorosos brazos. Recíbeme, como hijo, en tu maternal regazo, y no me desampares en la vida ni en la muerte.
Así sea.

¡Nuestra Señora de Fátima, Salud de los enfermos;
ruega por nosotros!
¡Oh dulce Corazón de María, sé la salvación del alma mía!

Día segundo: La segunda vez el Ángel de Portugal (de la patria) se aparece a los tres niños notificándoles que los Corazones de Jesús y María tenían designios de misericordia sobre ellos. “Ofreced, les dice, oraciones y sacrificios en reparación de los pecados y para obtener la conversión de los pecadores. Aceptad con resignación los padecimientos. Así vendrá la paz”. Quiero seguir ese consejo. Ayúdame, oh Madre mía, a ser alma orante y reparadora. (Súplica Final, etc.).

Día tercero: La tercera vez es el Ángel de la Eucaristía. Trae en sus manos un cáliz y una hostia. Dejándolos suspensos en el aire, se arrodilla suplicando así: “Oh, Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, os adoro profundamente, y os ofrezco el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Nuestro Señor Jesucristo, presentes en todos los tabernáculos del mundo, en reparación de los ultrajes que se infieren. Por los méritos infinitos de su Sagrado Corazón y por la intercesión del Corazón Inmaculado de María os pedimos la conversión de los pecadores”. Les da la Comunión. Y se sienten fortalecidos. Así quiero adorar, suplicar y comulgar a menudo. (Súplica final, etc.).

Día cuarto: Se les aparece por primera vez la Santísima Virgen. Les dice que viene del Cielo; que no teman, y que les va a hacer bien. Quiere que la visiten los días 13 de cada mes. Les pregunta si están dispuestos a sufrir en reparación por las blasfemias e injurias a su Inmaculado Corazón. Contestan los niños que quieren padecer por todas esas intenciones y rezar todos los días el rosario para obtener la paz. Oh, Madre mía, yo quiero ser tu hijo fiel. Hago propósito de obedecerte a imitación de los tres pastorcitos. Ayúdame. (Súplica final, etc.)

Día quinto: La Santísima Virgen confía a los niños un secreto para bien de ellos, pero no para enriquecerse. Les dice que su Hijo Jesús quiere servirse de Lucía para dar a conocer y amar la devoción a su Inmaculado Corazón rodeado de punzantes espinas, que simbolizaban los agravios de los hombres. Quiero, oh Madre mía, consolarte y desagraviarte. Inspírame. (Súplica final, etc.).

Día sexto: En la tercera aparición, la Santísima Virgen les enseña que al ofrecer los sacrificios deben decir así: “Oh, Jesús, lo hago por tu amor, por la conversión de los pecadores y en reparación de las injurias cometidas contra el Inmaculado Corazón de María”. Al retirarse les muestra el infierno. Un mar de fuego. En él negros demonios. Los pecadores eran devorados por las llamas entre gritos y lamentos. La vista de la Blanca Señora les conforta. Les asegura que al fin triunfará su Inmaculado Corazón. Me consagro a Ti y me comprometo a la Comunión Reparadora de los Primeros Sábados. Dame perseverancia. (Súplica final, etc.).

Día séptimo: Después de la visión del infierno tomaron más en serio la vida. Jacinta pensaba en la eterna condenación de los que morían sin confesarse. Francisco se acordaba de Jesús Sacramentado, olvidado, ofendido y muy triste. Lucía añoraba el cielo. Los tres intensificaron oraciones, ayunos y toda clase de mortificaciones. Repiten sin cesar la jaculatoria que la misma Blanca Señora les enseñara: “Oh, Jesús mío, perdónanos nuestras culpas, presérvanos del fuego del infierno, y lleva al cielo a todas las almas, especialmente a las más necesitadas de tu misericordia”. Así quiero vivir, pensar y orar yo también. (Súplica final, etc.).

Día octavo: Los pastorcitos fueron perseguidos y encarcelados. En la prisión hacen de misioneritos enseñando a los delincuentes a rezar el rosario. Dan ejemplo de resignación. No se apropian las limosnas de los peregrinos. Son para pagar los gastos de la fiesta y para construir la capilla. Muchos van al infierno porque no tienen quien se sacrifique y ruegue por ellos. Como los niños voy a perseverar rezando el rosario todos los días con esas intenciones. Para curar el cuerpo, antes hay que limpiar el alma de pecado. Quiero con tu gracia, Madre Mía, llevar a la práctica esos consejos. (Súplica final, etc.).

Día noveno: En la sexta aparición se manifiesta abiertamente: “Soy, dice, la Virgen del Rosario y vengo a exhortar a los fieles que abracen una vida cristiana”. Quiere una capilla en su honor, que se persevere en el rezo cotidiano del rosario. Así se obtendrá la paz. Les dice que el Señor está demasiado ofendido. Prueba la verdad de sus apariciones con el milagro del sol danzando por los espacios. Asombró a los 70 mil peregrinos que contemplaron el espectáculo. Oh, Nuestra Señora de Fátima, quiero vivir tu Mensaje Celestial y además practicarlo para merecer tu protección y lograr la ansiada paz mundial. (Súplica final, etc.).

(Con licencia eclesiástica)

 

   Volver a Novenas